domingo, 2 de septiembre de 2012

LA SUGERENCIA DEL CHEF: Afrodisíacos

Desde que el mundo es, esta tropelía de cosas sin sentido, pero es; los hombres hemos mirado a las estrellas (y bajo las piedras, en los mares, dentro de cuanto bicho se arrastra, vuela o sacude) en busca de ese elixir maravilloso, de ese ungüento mágico, del potingue misterioso que devuelva los ardores de la primera juventud. 
Y ahí es cuando el listado empieza y sigue largo como cadena de almas del purgatorio, desde la inocentona coca cola con aspirina, pasando por perfumes con feromonas, que atraen mas moscas que mujeres rendidas, hasta cosas de mas, nunca mejor dicho, alto calibre, como la mosca española o las partes pudendas de algún animal que se considerase cachondo. 

Los que se atiborraban de aguacate, de forma tan sugestiva, vamos y los que se intoxicaban con ostras. Fracaso tras fracaso. Y es que como recordaba, con todo el mal gusto posible, algún filosofo de esquina; “el amor es el único afrodisíaco”, y si. 

Porque disfrutar de la curva pronunciada de la piel de un trasero perfecto y su calor y su olor y su ensoñación, o del húmedo tesoro en medio de unas piernas que llegan hasta el cuello, no es, acéptenlo de una vez, para todos los mortales. Y cuando tienen que apretar los ojos para soñar que están con alguien mas… no hay santa Lucía que valga. 

Y desde que apareció la pastillita azul, el mundo cree que es tomársela y a empujar a la parienta, que la vida es dos días y se acaba; sin embargo no hay nada que aumente el deseo. Dicen que ciertas hierbas del desierto causan estos calores en las cabras, lastimosamente no hay de esas hierbas por estos lares. 

Yo realmente prefiero en un sartén caliente soltar un dado de mantequilla y en el chisporroteante líquido, freír un poco de cebollino, pimiento verde en cubos diminutos y algo de ají rojo muy picante, un puñado o dos de choclo tierno y varios camarones. 
Luego un chorrito de vino blanco y algunas papas picadas muy finas, algo de crema de leche y un poco de achiote para dar color. 
Eso y una tajada de aguacate, es una verdadera delicadeza, que no servirá para calentar a nadie (no se ha probado todavía en cabras… para decepción de algunos) pero lo hago con el encanto de quien hace lo que mejor sabe hacer y eso con una mirada a los ojos de la persona amada es un regalo que tiende la sabana del alma. 

Para todos los demás, los que necesiten ayudas químicas, a lo mejor lo que están buscando no es el santo grial en forma de rombo azul, si no el interruptor entre el yo y mi circunstancia. 

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Carlos Fuentes

Carlos Fuentes
Chef ejecutivo, hizo sus estudios en Francia. Ha trabajado en Europa, en Estados Unidos, Panamá y Ecuador.